Gabriel

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Blanco Nuclear
Su Campechana Majestad

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Gabriel

Mensaje por Blanco Nuclear el Lun 12 Mar 2018 - 23:39

Sé que lo estabais esperando. Y os lo voy a contar. Esta es una historia no apta para mayores de mil doscientos cincuenta y cinco años, o más. Menores, abstenerse.

Érase una vez un matrimonio, o no. Que tuvieron un hijo que se llamaba Gabriel. Todo lo demás no importa. El caso es que se separaron por diferencias personales, incomunicadas e irreconciliables, que vaya Vd. a saber por qué, son en nuestro acervo cultural de lo más normales. Ninguno tuvo ninguna culpa. Lo hicieron para buscarse a sí mismos en su vida perdida. Lo cierto es que él quería follar. Y ella quería amar, pero tampoco sabía. Lo cierto es que el niño crecía, como un pescaíto, en medio de la tontería.

Ella era más cierta que él, más estable, más incontestable, porque moralmente era superior e insuperable. El padre era lo que era, un hombre débil e inconstante, bueno para soñar, pero un inútil para trabajar, para vivir, para confiar. Un tipo poco formado, quizás un niño mimado. El caso es que se separaron, y Gabriel quedó solo, pero mal acompañado. En medio de aquel oscuro mar, que se lo quería tragar.

El padre se buscó una buena dominicana, desesperada, con la que follar. Era lo que quería para sentirse hombre. Una mujer tan débil y herida como él. Ella, la madre, que es más complicada que una manta eléctrica cortocircuitada, se buscó a uno que la comprendiera, que al final la acosaba. La caraba. Allí no pasaba nada que no tuviera que pasar. El niño iba y venía de la casa de la madre a la de la abuela, pasando por la del padre, de camino a la casa de sus primos, que eran los hijos de sus tios, mientras la amante del padre le ponía la camiseta que le dijo la madre, con la que lo estranguló celosa, para vengarse de la mujer y del amante, a través del niño.

Gabriel era el centro de atención de todo aquel enorme follón. El padre que follaba como un señor. La madre que aún lo amaba como sólo se ama al Amor. La amante que lo amaba como a un follador. El acosador que molestaba como un maltratador. Y la abuela y la familia que estaban en Babia, pero sin labia. Qué desastre y qué dolor!

Y ya tenemos a un padre follador, una madre alienada, una abuela desbordada, una amante desequilibrada, un acosador que molestaba y una familia que no se enteraba de nada. Y una víctima propiciatoria e inocente, llamada Gabriel, con una sonrisa angelical, que era el que se la iba a cargar, y por todos los pecados pagar, sin tener culpa de nada.

El inocente pagó las culpas de todos. Fué su víctima propicitaria. La que cargó con sus pecados, hoy también llamados errores o neurosis o frustraciones o psicosis por esa ciencia tan inútil que se llama psiquiatría o también psicología. Y por eso los culpables se pasarán toda la vida echándose las culpas unos a otros, porque jamás aceptarán que ellos tuvieron la culpa de estar tan muertos como ahora están. Porque no entendemos nada. Pero nada de nada. Bueno, no quiero exagerar: cada vez sabemos más de la Nada.

Es tristísimo. Y es un escándalo, que en este asunto luctuoso y lamentable de Gabriel, haya alguno que se declare inocente. Porque su sangre, insoportable en su olor y sabor, nos señala a todos. Pero absolutamente a todos. Yo me incluyo también. Porque el quinto dice: no matarás. Y el sexto: no cometerás adulterio. Haz esto y vivirás. Pero hoy en día se dice lo contrario: tú, adultera. Que no pasa nada. Y si alguien se muere o lo matan mientras follas, la culpa será de otro, que tú hacías el amor, mientras propagabas el terror. Comprendes ahora por qué sientes tanto dolor? Pues a ver si pides perdón, cacho cabrón. Nos lo dice Gabriel, que tuvo derecho a otra vida, que no fue la que le quitamos, entre todos.

Gabriel, ahora que ya estás con los ángeles de Dios, ruega por nosotros, pecadores. Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

P.D.: Advierto que los personajes que salen en el presente relato de este asesinato son totalmente ciertos y actuales. Y cualquier parecido con las causas, motivos, y razones que se alegan para explicarlo en nuestro mundo confundido, asqueroso y pervertido, no son una mera coincidencia, sino un error moral y antropológico de dimensiones infernales, por descomunales. Por eso todos estamos muertos, como Gabriel.

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