Una de bicicletas

Blanco Nuclear
Blanco Nuclear
Su Campechana Majestad

Mensajes : 12562
Debut oficial : 24/06/2013

Una de bicicletas Empty Una de bicicletas

Mensaje por Blanco Nuclear el Miér 14 Sep 2016 - 13:26

Una vez, hace algunos años, cuando era algo más joven de lo que soy, vi una película de bicicletas que se llamaba "Las bicicletas son para el verano" de un tal Chávarri, que me marcó mucho.

Iba la película de una guerra incivil que sucedió en nuestro país, y las andanzas de una familia en el Madrid bélico de entonces, que estaban muy bien. Pero a mí, lo que me importaba en aquel tiempo, eran las bicicletas. Me pasaba todo el día pensando en bicicletas que pedalear. Eso era lo único que me importaba: pedalear bicletas sin parar. Incluso estaba dispuesto, si la bicicleta quería, a pedalearla cinco Tours seguidos sin descanso.

El problema era que, por entonces, yo no tenía bicicleta. Ni en verano, ni en invierno. Y me moría de envídia viendo a todos aquellos tipos, algo más mayores que yo, que siempre me aparecían en el pueblo de la costa en el que veraneaba cada verano con una bicicleta nueva cada año. Había tipos que incluso tenían varias bicicletas en un solo verano. Algunos eran tan afortunados, que tenían, incluso, una bicicleta cada semana. Yo, que como no era afortunado en aquellos tiempos (más que nada por falta de fortuna), no tenía bicicleta, no podía comprender como aquellos cabrones podían permitirse el lujo de tirar, cada verano, una bicicleta tras de otra, cuando estaban casi nuevas! Y lo bonitas que eran! Unas rubias y otras morenas. Con dos ruedas impresionantes. Algunas las tenían más grandes y otras más pequeñas. Aunque a mí, el diámetro era lo que menos me importaba: todas me parecían aptas para pedalear sin parar. Había bicicletas que tenían un chasis aerodinámico, que era para marearse sólo de pensar en poderlas montar. Unas eran de piñón fijo y otras con marcha. Incluso había bicicletas que tenían "mucha marcha". Según me contaban los que tenían bicicletas en verano. Yo, iba a pié, hasta en primavera. Como me llamaban los que en verano tenían bicicletas, lo que me cabreaba mucho y me parecía una injusticia social.

Por eso, por entonces, me hice de izquierdas por primavera. Y porque así, pensaba, que contribuiría a implantar la justicia social en verano, que consistía en que todos tuviéramos bicicletas para pedalear y no sólo unos pocos afortunados, que se quedaban con todas las bicicletas disponibles que había en el lugar, gracias a la fortuna de sus padres, por lo general, afortunados. Porque, me dí cuenta en seguida, que había una relación directamente proporcional, entre la fortuna familiar y las posibilidades de pedalear en verano con una bicicleta. Era lo que denominé "la lucha de los pedales". Denominación que tomé de un libro que había leído de un tipo con barba y el pelo alborotado, que se llamaba Marxtínez. No sé si os suena. Pero por entonces era muy famoso, y se podía leer en fotocopias ciclostiladas, rápido y antes de que llegara la policía.

Y como yo estaba acostumbrado a leer rápido por culpa del Marxtínez ese, pues aprendí rápido. Y entonces me fuí al cine a ver una película de un tal de Sicca, que se titulaba "El ladrón de bicicletas". Eso fué mi salvación, porque me dió la solución. Si no podía comprarme una bicicleta para el verano por falta de medios (y de enteros), me haría ladrón de las bicicletas para el verano, ajenas. Porque era una cuestión de justicia social y de lucha por los pedales. Y no había más que hablar. Había que actuar para pedalear.

Y entonces llegó el verano. Y puse en práctica mi plan. Y le robé a uno una bicicleta que tenía muy buena pinta. Mientras él se bebía en una fiesta cubatas sin parar (hay que ser gilipollas, cuando se tiene una bicicleta para el verano como aquella para pedalear), yo me llevé a la bicicleta al servicio, utilizando mis dotes de buen oficio, sin otro artificio que mis ganas de pedalear y mi buena forma física, que había adquirido año tras año corriendo en verano detrás de las bicicletas de los demás.

Y allí la monté en el bidé, y me subí el Tourmalé, a puerta cerrada. Luego pasamos a la bañera donde subimos juntos a Luchón. Y acabamos pedaleando como locos en el suelo de lo que me parecían los mismos Campos Elíseos, mientras ella me jadeaba entusiasmada desde todo lo alto de la Tour Eiffel, cuando yo llegaba a la meta triunfante como un campeón. Lo jodido es que no me pude subir al cajón de vencedor, porque me avisaron que el dueño de la bicicleta me esperaba en el jardín con unos cuantos amigos, para felicitarme como me merecía, por haberle sustraído la bicicleta con la que pensaba casarse y pedalear el resto de su vida, antes de que yo le ganara el Tour de Francia por goleada, pedalada a pedalada. Y me escabullí por donde pude, no sin antes haber esquivado un botellazo que me lanzó el muy cabrón, y que hubiera podido desgraciar mi carrera de ladrón de bicicletas para toda la vida.

Y así comenzó todo lo que se refiere a mi condición de ladrón de bicicletas. Alguna más robé, lo tengo que confesar. Pero luego prosperé, y me di cuenta, que las bicicletas que son para el verano, no son tan importantes. Que las buenas bicicletas son las que duran todo el año o más. Y una vez encontré una, que me robó el corazón de ladrón, ella a mí, y para toda la vida. Esa ha sido la mejor bicicleta de mi vida. Y la única importante. Y la que consiguió que dejase para siempre de robar bicicletas, fuera en verano o en invierno. Pedaleando juntos por la vida, hasta que nos fundamos, juntos, en la meta de lo Eterno.

Otro día os contaré una de motos. Pero ahora no, que esa es para superdotados.

    Fecha y hora actual: Sáb 14 Dic 2019 - 3:22