Atentado terrorista en Niza

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Re: Atentado terrorista en Niza

Mensaje por Metropolitano el Vie 15 Jul 2016 - 14:05

laperla escribió:
RABACO escribió:

Sí es objetivo. España está en el punto de mira desde hace bastante tiempo dentro de la coalición global que consideran como objetivo. Hay declaraciones, vídeos y lo que quieras.

Estamos en un permanente NIVEL 3-4. Ahora mismo en NIVEL 4.
(de cinco)
No, los objetivos ahora mismo son principalmente USA y Francia, que son contra quienes ISIS llama a atentar dia si y dia tambien. Tambien Rusia.
España no es objetivo alguno ahora mismo.

Pero bueno, si quereis haceros pajas con una supuesta hiper-eficacia policial española con un presupuesto de Interior casi tres veces inferior al de Francia, uno de defensa de los mas bajos de Europa, etc.
Pues cada uno se hace pajas con lo que quiere.

El presupuesto importa, pero no tanto como cree.. La experiencia y la eficacia es por los años sufridos.. Crees que en España es fácil hacerse con explosivos o metralletas? Como en Bélgica no.. Eso te lo aseguro.. Hay muchos soplones, mucho trabajo policial en prisiones (que es otro lugar de captación).. Además España tiene medidas legales aprobadas que son eficaces.. La Policía puede rastrear las webs potencialmente peligrosas y arrestar a alguien por el simple echo de utilizarlas demasiado.. Puede impedir viajar a personas a los países conflictivos por estar en una lista de esas personas.. Los perfiles de las redes sociales están controlados.. insisto.. ES EL ÚNICO PAIS de momento, que consigue arrestar a personas que están adiestrando a futuros terroristas.. Han sido varios los detenidos..

Tenemos, repito, asesores en Francia, EEUU, etc... No somos hiper-eficaces.. Solo eficaces.. Y te repito que España tiene más llamadas a atentar que en Francia.. Y las ultimas llamadas son generales.. Piden a todos los yihadistas que atenten allá donde puedan, y de la manera que puedan.. Es lo que está pasando.. Simplemente..
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Re: Atentado terrorista en Niza

Mensaje por reals el Vie 15 Jul 2016 - 14:08

Yo creo que tiene dificil solución, por no decir que no la tiene.
Puede haber diferentes estrategias para paliar el problema, para intentar contenerlo, o erradicarlo, pero a la larga, ninguna son una solución. Creo que la sociedad contemporanea se enfrenta ahora mismo al mismo problema que se enfrentó Roma en su momento. Me parece un asunto bastante ciclico. En el mundo florece una sociedad más o menos adelantada a las demás, intelectual y socialmente. Grecia y Roma en su momento. La occidental en la actualidad.
Como resultado, surge también una tecnología y un nivel intelectual superior. Esa sociedad se expande y llega a territorios donde se produce un choque cultural (imperio y conquista roma, "globalización" en nuestro caso).

En esa mezcla, muchas culturas desaparecen, otras se integran, otras se amoldan y otras se niegan a pasar por el aro. Los germanicos de ayer son los islamistas de hoy.

Y durante un tiempo tanto Roma como Occidente maneja la situación, gracias a su superioridad tecnologica. Pero tras unos años intentando "civilizar" a esas culturas, queriendo "evangelizarlas" y hacerles ver la "luz", lo que haces es ponerlas en contacto con tu forma de ver la vida, con tus herramientas para progresar. Y, si, produces un cambio en ellos. Pero algunos de ellos solo aprovechan ese cambio tecnologico, de gestion de los recursos, de organización... para seguir viviendo como ellos quieren.

Y que pasó cuando los germanos adoptaron el sistema de formación romana, sus herramientas de guerra, su organizacion territorial? Que la aprovecharon para derrotar a la misma Roma, porque llevaban siglos sintiendose ultrajados.

A eso es a lo que nos enfrentamos ahora mismo. A que el mundo islamico más radical hoy está mucho más preparado, nos conoce a fondo, sabe de los beneficios de nuestra cultura, y también nuestros puntos debiles.

Y ni ellos son cocos ni nosotros lo somos. Es simplemente como se dan la cosas.

Tarde o temprano, si no es el Islam será otra cultura, surgira una sociedad dispuesta a devastar el mundo occidental, con los recursos para ello.



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Re: Atentado terrorista en Niza

Mensaje por Metropolitano el Vie 15 Jul 2016 - 14:08

JoGv2.0 escribió:Cerrar fronteras a mi me parece un parche. Dificultaría las cosas para los terroristas, pero no les imposibilitaría montarse en un lavado de cerebros masivo remoto, cosa que ya hacen a mucha menor escala.

Para mi la solución pasa por eliminar a los estados que promueven ese ala radical del Islam ( eliminar o como lo queráis llamar, desde luego no fomentarlos porque nos venden petrolito rico ), porque les viene muy bien para mantener controlada a una población que vive bajo las sociedades más desiguales e injustas del planeta.

Otra pata sería no continuar con las políticas que fomentan la desigualdad en Europa y que generan clientes potenciales para el lavado de cerebro. Pero claro, le vas a pedir anchura de miras al capitalismo. LoL.

y la forma de financiarse son los paraísos fiscales.. Mientras estos existan van a poder financiarse.. Mientras existan, no podremos con ellos..
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Re: Atentado terrorista en Niza

Mensaje por Metropolitano el Vie 15 Jul 2016 - 14:14

reals escribió:Yo creo que tiene dificil solución, por no decir que no la tiene.
Puede haber diferentes estrategias para paliar el problema, para intentar contenerlo, o erradicarlo, pero a la larga, ninguna son una solución. Creo que la sociedad contemporanea se enfrenta ahora mismo al mismo problema que se enfrentó Roma en su momento. Me parece un asunto bastante ciclico. En el mundo florece una sociedad más o menos adelantada a las demás, intelectual y socialmente. Grecia y Roma en su momento. La occidental en la actualidad.
Como resultado, surge también una tecnología y un nivel intelectual superior. Esa sociedad se expande y llega a territorios donde se produce un choque cultural (imperio y conquista roma, "globalización" en nuestro caso).

En esa mezcla, muchas culturas desaparecen, otras se integran, otras se amoldan y otras se niegan a pasar por el aro. Los germanicos de ayer son los islamistas de hoy.
Y durante un tiempo tanto Roma como Occidente maneja la situación, gracias a su superioridad tecnologica. Pero tras unos años intentando "civilizar" a esas culturas, queriendo "evangelizarlas" y hacerles ver la "luz", lo que haces es ponerlas en contacto con tu forma de ver la vida, con tus herramientas para progresar. Y, si, produces un cambio en ellos. Pero algunos de ellos solo aprovechan ese cambio tecnologico, de gestion de los recursos, de organización... para seguir viviendo como ellos quieren.
Y que pasó cuando los germanos adoptaron el sistema de formación romana, sus herramientas de guerra, su organizacion territorial? Que la aprovecharon para derrotar a la misma Roma, porque llevaban siglos sintiendose ultrajados.
A eso es a lo que nos enfrentamos ahora mismo. A que el mundo islamico más radical hoy está mucho más preparado, nos conoce a fondo, sabe de los beneficios de nuestra cultura, y también nuestros puntos debiles.
Y ni ellos son cocos ni nosotros lo somos. Es simplemente como se dan la cosas.
Tarde o temprano, si no es el Islam será otra cultura, surgira una sociedad dispuesta a devastar el mundo occidental, con los recursos para ello.

No es comparable.. Los germanos emigraban a Roma buscando seguridad, mejor clima y más posibilidades de asentarse y trabajar la tierra.. Querían ser "romanos" y no les dejaban..

Ellos solo quieren imponer su cultura.. Eso solo se consigue matándonos a todos.. Lo veo complicado Wink La cultura Romana no fue devastada por los germanos.. En todo caso, si quieres hablar de cultura.. Lo fue por los Católicos.. Los germanos terminaron con la organización política.. si quieres decirlo así..
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Re: Atentado terrorista en Niza

Mensaje por reals el Vie 15 Jul 2016 - 14:28

Metropolitano escribió:
reals escribió:Yo creo que tiene dificil solución, por no decir que no la tiene.
Puede haber diferentes estrategias para paliar el problema, para intentar contenerlo, o erradicarlo, pero a la larga, ninguna son una solución. Creo que la sociedad contemporanea se enfrenta ahora mismo al mismo problema que se enfrentó Roma en su momento. Me parece un asunto bastante ciclico. En el mundo florece una sociedad más o menos adelantada a las demás, intelectual y socialmente. Grecia y Roma en su momento. La occidental en la actualidad.
Como resultado, surge también una tecnología y un nivel intelectual superior. Esa sociedad se expande y llega a territorios donde se produce un choque cultural (imperio y conquista roma, "globalización" en nuestro caso).

En esa mezcla, muchas culturas desaparecen, otras se integran, otras se amoldan y otras se niegan a pasar por el aro. Los germanicos de ayer son los islamistas de hoy.
Y durante un tiempo tanto Roma como Occidente maneja la situación, gracias a su superioridad tecnologica. Pero tras unos años intentando "civilizar" a esas culturas, queriendo "evangelizarlas" y hacerles ver la "luz", lo que haces es ponerlas en contacto con tu forma de ver la vida, con tus herramientas para progresar. Y, si, produces un cambio en ellos. Pero algunos de ellos solo aprovechan ese cambio tecnologico, de gestion de los recursos, de organización... para seguir viviendo como ellos quieren.
Y que pasó cuando los germanos adoptaron el sistema de formación romana, sus herramientas de guerra, su organizacion territorial? Que la aprovecharon para derrotar a la misma Roma, porque llevaban siglos sintiendose ultrajados.
A eso es a lo que nos enfrentamos ahora mismo. A que el mundo islamico más radical hoy está mucho más preparado, nos conoce a fondo, sabe de los beneficios de nuestra cultura, y también nuestros puntos debiles.
Y ni ellos son cocos ni nosotros lo somos. Es simplemente como se dan la cosas.
Tarde o temprano, si no es el Islam será otra cultura, surgira una sociedad dispuesta a devastar el mundo occidental, con los recursos para ello.

 No es comparable.. Los germanos emigraban a Roma buscando seguridad, mejor clima y más posibilidades de asentarse y trabajar la tierra.. Querían ser "romanos" y no les dejaban..

 Ellos solo quieren imponer su cultura.. Eso solo se consigue matándonos a todos.. Lo veo complicado Wink La cultura Romana no fue devastada por los germanos.. En todo caso, si quieres hablar de cultura.. Lo fue por los Católicos.. Los germanos terminaron con la organización política.. si quieres decirlo así..
No siendo cierto del todo es que dices de que los germanos lo que querían era ser romanos, no afecta a lo que yo digo. Los catolicos son un fenomeno de transformación, no tanto de cambio.
No vinieron cristianos de otros lugares a devastar nada. Fueron los propios ciudadanos los que abrazaron esa cultura y dieron la espalda a la suya propia. Pero lo que marcó el final de Roma fue la lucha constante con los pueblos germanos, cada vez más avanzados. Te concedo que fuese una mezcla de factores, porque no todo es blanco o negro. Pero cuando el Imperio desapareció, ya llevaba un tiempo siendo cristiano.

Si la fractura es política, si se somete a una población descontenta, si se elimina o no... son asuntos accesorios. Lo que yo digo es que nosotros, como los romanos, dos milenios después, seguimos en las mismas.

Por supuesto, nosotros no intentamos inculcarles a Jupiter. Pero si el propio derecho Romano. Si queremos inculcarles nuestros propios valores. Libertad. Justicia. Todo desde una perspectiva etica occidental.

Hasta hoy, cuando el problema ya es palpable, las voces más progresistas, más pacifistas, más "respetuosas" no dejan de proponer soluciones que, en cierto modo, son otra forma de invasión. Que si supervisar el proceso de paz en oriente medio, que si derrocar tal o cual dictador porque no respeta las libertades occidentales. Que si iniciar procesos de democratización... todas esas soluciones no son más que otra forma de evangelización. Y por eso digo que no tiene solución el asunto. Porque una solución es esa, que a la larga causará más problemas. Y la otra opción es guerra y subyugación, que conducirá a lo mismo.

No digo que sea un error, ni que este mal hecho. Que yo no soy nadie para decir lo que está bien o lo que está mal. Solo es como yo veo el asunto.
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Re: Atentado terrorista en Niza

Mensaje por BlackPawn el Vie 15 Jul 2016 - 14:41

La situacion actual es el resultado de decadas de caldo de cultivo de animadversion hacia occidente en oriente medio. Decadas de operaciones militares, guerras, perpetradas por occidente en la puerta de su casa han llevado al nacimiento de ISIS y Al-Qaeda. Ahora ya no hay solucion. Cerrar fronteras? La mayoria de los terroristas en Francia son nacidos alli. La solucion seria retirar todas las tropas y operaciones militares en la zona, cerrar las embajadas y romper toda relacion comercial, es decir, no comprarles petroleo. Aislarlos y dejarlos que se ahoguen en su mierda. Y eso no pasara hasta el dia en que haya una alternativa seria al petroleo o este se acabe, una de las dos.
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Re: Atentado terrorista en Niza

Mensaje por Asmodeo el Vie 15 Jul 2016 - 14:44

A menos que me hagas lo que hizo USA a Japón...

Olvidense. Es imposible ganar contra kamikazes. Se llevan más de 100 vidas creyendo a fé ciega que la suya será colmada.

Por otro lado, dejo esto por aquí, más que interesante Baudrillard sobre los atentados del 11-s.
Por si alguno le interesa leerlo.

Spoiler:

JEAN BAUDRILLARD  

El espíritu del terrorismo


De los acontecimientos mundiales que habíamos presenciado como la muerte de Lady Di o el Mundial de Fútbol, o acontecimientos violentos y reales como guerras y genocidios, ninguno había cobrado una envergadura simbólica global; es decir, ningún acontecimiento de difusión mundial había puesto en jaque a la globalización misma. A lo largo del estancamiento de los años noventa, lo que se impuso fue “la huelga de acontecimientos” (parafraseando al escritor argentino Macedonio Fernández). Pues bien, la huelga terminó. Los acontecimientos dejaron de estar en huelga. Nos hallamos frente a los atentados de Nueva York y del World Trade Center: el acontecimiento absoluto, la “madre” de los acontecimientos, el hecho puro que concentra en sí todos los que jamás ocurrieron.  

Todo el juego de la historia y del poder ha sido afectado, así como los supuestos de su análisis. Pero hay que darse tiempo. Durante la parálisis de acontecimientos era necesario anticipárseles, ser más rápidos que ellos. En el momento en que se aceleran a esta escala, es necesario ir más lento, sin dejarse sepultar bajo el fárrago de los discursos y el humo de la guerra; y, sobre todo, preservar intacto el fulgor inolvidable de las imágenes


Todos los discursos y los comentarios traicionan la gigantesca reacción frente al acontecimiento y frente a la fascinación que ejerce. La condena moral, la unión sagrada contra el terrorismo transcurren junto al júbilo prodigioso de ver la destrucción de la superpotencia mundial. Y mejor verla destruirse a sí misma, suicidarse bellamente. Es ella con su insoportable poder quien, infiltrándose en el mundo, ha sembrado la violencia y (sin saberlo)  la imaginación terrorista que habita en todos nosotros.  

Que algún día soñamos con ese acontecimiento, que cada uno sin excepción lo ha soñado, porque nadie puede no soñar con la destrucción de un poder que ha alcanzado tal grado de hegemonía, resulta inaceptable para la conciencia moral de Occidente. Pero es un hecho, y un hecho a la medida justa de la patética violencia de los discursos que quieren borrarlo.

En última instancia, son ellos quienes lo propiciaron, y nosotros los que lo quisimos.   Si no tomamos esto en consideración, el acontecimiento pierde toda su dimensión simbólica, y se convierte en un accidente puro, un acto puramente arbitrario: el espectáculo asesino de unos fanáticos a los que bastaría con eliminar. Pero sabemos que no es así.  De ahí el delirio contrafóbico de exorcizar el mal, que está ahí, por todas partes, como un oscuro objeto del deseo. Sin esa inconfesable complicidad, el acontecimiento no habría tenido la repercusión que tuvo; y en su estrategia simbólica los terroristas saben, sin duda, que pueden apostar a ella.  

Esto rebasa por mucho el odio al poderío mundial que domina a los desheredados y los explotados, los que cayeron en el lado equivocado del orden global.  Ese maligno deseo habita en el corazón de los que disfrutan de sus beneficios.  La alergia a cualquier orden definitivo, a cualquier poder definitivo es afortunadamente universal  , y las dos torres del World Trade Center encarnaban, perfectas en su gemelidad, precisamente ese orden definitivo.  

No se requiere una pulsión de muerte o de destrucción, tampoco un efecto perverso.  Resulta lógico e inexorable que el engrandecimiento del poder exacerbe la voluntad de destruirlo, también que sea cómplice de su propia destrucción.  Cuando las torres se desmoronaron, daba la impresión de que respondían al suicidio de los aviones suicidas, suicidándose. Se ha dicho: “¡Dios mismo! No puede declararse la guerra.”  Pues sí, Occidente, que ha tomado el lugar de Dios (de la divinidad todo poderosa y de la legitimidad moral absoluta), se convierte en suicida, y se declara la guerra a sí mismo.  

Las innumerables películas de catástrofes revelan esa fantasía que conjuran a través de la imagen, sumergiendo todo bajo los efectos especiales. Pero la atracción universal que ejercen, al igual que la pornografía, muestra que el paso al acto está siempre cerca;  es la veleidad de rechazar un sistema que, de tan poderoso, se acerca a la perfección o a la omnipotencia.  

De hecho, es probable que los terroristas (al igual que los expertos) no hayan previsto el hundimiento de las Twin Towers que cifró, más que el ataque al Pentágono, el shock simbólico contundente.  El desmoronamiento simbólico del sistema fue el resultado de una complicidad imprevisible; como si desmoronándose ellas mismas, suicidándose, las torres hubieran entrado en el juego para rematar el acontecimiento. En cierto sentido, es el sistema entero el que contribuye, por su fragilidad interna, con el acto inicial.  

Pero el sistema se concentra mundialmente, constituyendo al límite una red que se vuelve vulnerable en un solo punto (así, un hacker filipino logró, desde su computadora portátil, lanzar el virus I love you, que le dio la vuelta al mundo devastando redes enteras).  

Aquí son los dieciocho kamikazes quienes, gracias al arma absoluta de la muerte multiplicada por la eficiencia tecnológica, desencadenan un proceso catastrófico global.


Cuando el poder mundial monopoliza a tal grado la situación, cuando enfrentamos esta concentración desmedida de las funciones de la maquinaria tecnocrática y del pensamiento único, ¿qué otra vía existe sino la de una transferencia terrorista de la situación?  Es el sistema mismo el que ha creado las condiciones objetivas para esa represalia brutal.   Al guardarse todas las cartas en la mano, obliga al Otro a cambiar las reglas del juego.  Y las nuevas reglas son despiadadas, porque la apuesta es despiadada.  A un sistema cuyo exceso de poder plantea un desafío irremediable, los terroristas responden por medio de un acto definitorio, sin posibilidad de intercambio alguno.  El terrorismo es el acto que restituye una singularidad irreductible en el seno de un sistema de intercambio generalizado. Todas las singularidades (las especies, los individuos, las culturas) que pagaron con su muerte la emergencia de la circulación mundial –la cual ya obedece a un poder único–, hoy se vengan a través de esa transferencia terrorista de la situación.  

Terror contra terror –no hay ninguna ideología detrás–. A partir de esto, nos hallamos más allá de la ideología y de la política.  Ninguna ideología, ninguna causa, ni siquiera la islámica puede reivindicar la energía que alimenta al terror. No apunta ni siquiera a cambiar el mundo sino (como los herejes en su tiempo) a radicalizarlo a través del sacrificio; el mismo que el sistema pretende imponer por la fuerza.  

Al igual que un virus, el terrorismo está en todos lados.  Hay un goteo permanente de terrorismo en el mundo  : es la sombra que proyecta todo sistema de dominación listo a despertar en cualquier lugar como un agente doble.  Ya no existe una línea de demarcación que permita cercarlo. Se halla en el corazón mismo de la cultura que lo combate.

Y la fractura visible (y el odio) que opone en el plano mundial a los explotados y los subdesarrollados con Occidente se une secretamente a la fractura interna del sistema dominante. Éste puede hacer frente a cualquier antagonismo visible. Pero contra ese otro antagonismo de estructura viral, contra esa forma de reversión casi automática de su propio poder, el sistema es impotente –como si todo aparato de dominación secretara su dispositivo de autodestrucción, su propio fermento de desaparición–. Y el terrorismo es la onda de choque de esa reversión silenciosa.  

No se trata de un choque entre civilizaciones o religiones, sino de otro que sobrepasa con creces al Islam y a Estados Unidos, en los que pretendemos focalizar el conflicto para hacernos la ilusión de que existe un enfrentamiento visible y una solución por la fuerza. Se trata de un antagonismo fundamental que señala, a través del espectro de Norteamérica (que es quizás el epicentro de la globalización, pero que de ninguna manera representa toda su encarnación) y a través del espectro del Islam (que tampoco es la encarnación del terrorismo), la globalización triunfante enfrentada a sí misma.

En este sentido, se puede hablar de una guerra mundial; no la tercera sino la cuarta y única verdaderamente mundial, pues lo que está en juego es la globalización misma.  

Las dos primeras guerras mundiales respondían a la imagen clásica de la guerra. La primera puso fin a la supremacía de Europa y a la era colonial. La segunda puso fin al nazismo. La tercera, que tuvo lugar bajo la forma de la Guerra Fría y la disuasión, puso fin al comunismo. De una a otra, nos hemos dirigido cada vez más hacia un orden mundial único, que hoy ha llegado virtualmente a su consumación. Un orden que se encuentra enfrentado a las fuerzas antagónicas diseminadas en el corazón mismo de lo mundial, en todas sus convulsiones actuales.

Guerra fractal de todas las células, de todas las singularidades que se rebelan bajo la forma de anticuerpos.  

Enfrentamiento a tal punto inasible que cada cierto tiempo es necesario salvaguardar la idea de la guerra a través de puestas en escena espectaculares, como las de la Guerra del Golfo o la de Afganistán. Pero la Cuarta Guerra Mundial está en otra parte. Ella es la que inquieta a todo el orden mundial, a toda dominación hegemónica –si el Islam dominara al mundo, el terrorismo se levantaría en su contra–. El mundo mismo se resiste a la globalización.

El terrorismo es inmoral. El acontecimiento del World Trade Center, ese reto simbólico, es inmoral, y responde a una globalización que en sí misma es inmoral. Pues bien, seamos inmorales. Y si queremos comprender algo, miremos un poco mas allá del Bien y el Mal. Por primera vez, nos hallamos frente a un acontecimiento que desafía no sólo la moral sino toda forma de interpretación Tratemos de hacernos de la inteligencia del Mal.  

El punto crucial está justo ahí: el contrasentido total de la filosofía occidental, la del Siglo de las Luces en cuanto a la relación entre el Bien y el Mal.  

Creemos ingenuamente que el progreso del Bien, su ascenso al poder en todos los ámbitos (ciencia, tecnología, democracia, derechos humanos), corresponde a una derrota del Mal.  Nadie parece haber comprendido que el Bien y el Mal ascienden al poder al mismo tiempo, y siguen el mismo movimiento.  El triunfo del primero no conlleva la desaparición del otro, sino al contrario. Al Mal lo consideramos, metafísicamente, como un error accidental. Pero ese axioma, del que se desprenden todas las formas maniqueas de la lucha entre el Bien y el Mal, es ilusorio. El Bien no reduce al Mal, ni a la inversa: son irreductibles el uno para (con) el otro, y su relación es inextricable. En el fondo, el Bien no podría darle jaque al Mal más que renunciando a ser el Bien, puesto que al adjudicarse el monopolio mundial del poder lleva consigo un efecto de retour de flamme de una violencia proporcional.  

En el universo tradicional, existía un balance entre el Bien y el Mal, una relación dialéctica que aseguraba de algún modo la tensión y el equilibrio moral del universo –como en la Guerra Fría, donde el enfrentamiento de las grandes dos potencias aseguraba el equilibrio del terror, anulando la supremacía de una sobre la otra–. Este balance se quiebra a partir del momento en que se impone una extrapolación total del Bien (hegemonía de lo positivo sobre cualquier forma de negatividad, exclusión de la muerte y de toda fuerza adversa latente, triunfo de los valores del Bien en toda la extensión). A partir de ahí, se rompe el equilibrio, como si el Mal retomara una autonomía invisible, desarrollándose a partir de entonces en forma exponencial.  

Toda proporción guardada, hay una semejanza con el orden político que se produjo a raíz de la desaparición del comunismo y del triunfo mundial del liberalismo.  Ha surgido un enemigo fantástico, que se infiltra en el planeta como un virus, surgiendo de todos los intersticios del poder: el Islam. Pero el Islam no es sino el frente móvil, la cristalización de ese antagonismo, que está en todas partes y en cada uno de nosotros: terror contra terror pero terror asimétrico.  Esta asimetría desarma por completo a la superpotencia mundial. Enfrentada a sí misma, no puede sino hundirse en su propia lógica de la correlación de fuerzas, sin capacidad alguna para jugar en el terreno del desafío simbólico y de la muerte, a los que ignora, pues los ha excluido de su propia cultura.


Hasta ahora, esta potencia integradora ha logrado absorber y reabsorber todas las crisis, toda negatividad.  Con ello ha creado una situación profundamente desesperante (no sólo para los condenados de la tierra, sino también para el confort de los privilegiados). El acontecimiento fundamental es que los terroristas dejaron de suicidarse en vano al poner en juego, de manera ofensiva y eficaz, su propia muerte.  Los guía una intuición estratégica simple: la inmensa fragilidad del adversario, la de un sistema que ha llegado casi a su perfección y que, de pronto, se vuelve vulnerable al más mínimo destello. Los terroristas lograron hacer de su propia muerte un arma contundente en contra de un sistema que vive de excluir la muerte, y cuyo ideal es: cero muertos. Todo sistema de cero muertos es un sistema de suma cero.  Y cualquier medio de disuasión y destrucción resulta impotente contra un enemigo que ya ha hecho de la muerte un arma contraofensiva. “¡Qué importan los bombardeos norteamericanos! ¡Nuestros hombres tienen tantas ganas de morir como los americanos de vivir!” De ahí la desigualdad de las cuatro mil muertes infligidas de un solo golpe a un sistema de cero muertos.

Es así que se juega todo por la muerte. No sólo por la irrupción violenta, en directo, en tiempo real de la muerte, sino por la irrupción de una muerte más que real: simbólica, la muerte por sacrificio –es decir, el acontecimiento absoluto y definitivo–.  


Tal es el espíritu del terrorismo.

Nunca atacar al sistema en términos de la correlación de fuerzas. Ése es el imaginario (revolucionario) que impone el sistema mismo, el cual sólo sobrevive obligando a sus adversarios a pelear en el terreno de la realidad, que siempre es su terreno. Y desplazar la lucha a la esfera de lo simbólico; ahí donde la regla es el desafío, la reversión, el frenesí. De tal manera que a la muerte no pueda respondérsele sino con una muerte igual o superior. Desafiar el sistema con un don al que no puede responder sino a través de su propia muerte y su propio desmoronamiento.

La hipótesis terrorista es que el sistema mismo se suicida como respuesta a los diversos desafíos de la muerte y del suicidio, puesto que ni el sistema ni el poder escapan a su condición simbólica –y sobre esa trampa descansa la posibilidad de su destrucción–.  En ese ciclo vertiginoso del intercambio imposible de la muerte, la del terrorista representa un punto infinitesimal. Y no obstante provoca una aspiración, un vacío, una gigantesca onda. Alrededor de ese ínfimo punto, todo el sistema, el de lo real y el poder, se vuelve denso, se tetaniza, se repliega sobre sí mismo y se hunde en su propia eficacia.  

La táctica del modelo terrorista consiste en provocar un exceso de realidad, y hacer que el sistema se desmorone bajo ese exceso.   La ridiculez de la situación, así como la violencia que el poder moviliza, se tornan en su contra.  Los actos terroristas son una lente de aumento de su propia violencia y, a la vez, un modelo de violencia simbólica que le está vedada, la única que no puede ejercer: la de su propia muerte.   Por esto todo el poder visible es impotente frente a la muerte ínfima, pero simbólica, de unos cuantos individuos.

Hay que admitir la evidencia de que ha nacido un nuevo terrorismo,  una nueva forma de actuar que juega el juego y se apropia de las reglas para manipularlas.  

Esta gente no sólo lucha con armas desiguales, puesto que ponen en juego su propia muerte, la cual carece de respuestas (“son ruines”), sino que han hecho suyas las armas de la gran potencia. El dinero y la especulación en la Bolsa, las tecnologías informáticas y aeronáuticas, la dimensión espectacular y las redes mediáticas: han asimilado la modernidad y la globalización sin cambiar su rumbo, lo que implica destruirlas.  

Para colmo de la malicia, utilizan incluso la banalidad de la vida cotidiana norteamericana como máscara y como doble juego: duermen en sus suburbios, leen y estudian en familia antes de despertar de un día para otro como bombas de efecto retardado.  El conocimiento preciso, sin error, de esa clandestinidad tiene un efecto casi tan terrorista como el espectacular evento del 11 de septiembre. Arroja la sombra de la sospecha sobre cualquier individuo:  ¿o no acaso cualquier ser inofensivo puede ser un terrorista en potencia?  

Si ellos lograron pasar desapercibidos,  cualquiera de nosotros representa un criminal desapercibido  (cada avión se convierte en sospechoso), y en el fondo es verdad.  

Quizá corresponde a una forma inconsciente de criminalidad potencial, disfrazada,  y cuidadosamente reprimida  , pero siempre susceptible, si no de resurgir al menos de vibrar secretamente frente al espectáculo del Mal.  

Así, el acontecimiento se ramifica hasta el detalle –propiciando un terrorismo mental aún más sutil–.

La gran diferencia es que los terroristas, al disponer de las armas del sistema, disponen de otra arma letal: su propia muerte. Si se conformaran con combatir el sistema mediante sus propias armas serían eliminados de inmediato. Si opusieran tan sólo su muerte, desaparecerían de la escena tan rápido como en cualquier sacrificio inútil –hasta ahora eso es lo que el terrorismo ha hecho casi siempre (como los atentados de los palestinos), y por lo que ha estado condenado al fracaso–.

Todo cambió a partir de esa unión entre los medios modernos disponibles y el arma mas simbólica; ésta multiplica infinitamente su potencial destructivo. Esa multiplicación de los factores (que nos parecen irreconciliables) es lo que les da semejante superioridad. Por el contrario, la estrategia de cero muertos, la guerra “limpia”, tecnológica, pasa precisamente del lado frente a esa transfiguración del poder “real” a través del poder simbólico.

El éxito prodigioso de un atentado como el del 11 de septiembre es un problema en sí. Y para comprender algo hay que desprenderse de la visión occidental, y advertir lo que sucede en la organización y la mente del terrorista. Una eficacia de tal grado supondría en nosotros una capacidad de cálculo, de racionalidad, que difícilmente podemos imaginar en otros. Y en caso de contar con esa capacidad, como cualquier organización racional o de servicios secretos, habría fugas y errores.

El éxito está en otra parte. La diferencia es que, en el caso del terrorismo, no se trata de un contrato laboral, sino de un pacto y de la obligación impuesta por el sacrificio. Una obligación como ésa se halla protegida frente a toda deserción o corrupción.  

El milagro reside en su capacidad para adaptarse a la red mundial, al protocolo técnico, sin renunciar a la complicidad con la vida y la muerte. De manera opuesta al contrato, el pacto no une individuos –ni siquiera su “suicidio” representa un acto de heroísmo individual–. Es un sacrificio colectivo sellado por una exigencia ideal –la conjugación de dos dispositivos:  una estructura operativa y un pacto simbólico, lo que hace posible un acto de tal desmesura–.  

No tenemos idea de lo que significa el cálculo simbólico, como en el póker o las máquinas traga monedas: apuesta mínima, resultado máximo. Es exactamente lo que lograron los terroristas con el atentado en Manhattan, e ilustra bastante bien la teoría del caos: un golpe inicial provoca consecuencias incalculables, mientras que el despliegue gigantesco de los norteamericanos (Tormenta del Desierto) no obtiene sino efectos insignificantes –por decirlo de alguna manera, el huracán termina en el aleteo de una mariposa–.

El suicida representaba un terrorismo de pobres; el de ahora es un terrorismo de ricos.  Eso es lo que nos causa tanto miedo: que se hayan hecho ricos (poseen los medios para ello) sin dejar de desear nuestra ruina. Según nuestro sistema de valores, ellos hacen trampa: poner en juego la propia muerte no es correcto. Pero a ellos no les importa,  y las nuevas reglas del juego ya no nos pertenecen.  

Todo resulta útil para desacreditar sus actos. Llamarlos “suicidas” y “mártires”. Se agrega, de inmediato, que el martirio no prueba nada, que no tiene nada que ver con la verdad, y que incluso (citando a Nietzsche) es el principal enemigo de la verdad.  

Ciertamente, su muerte no prueba nada.  Pero no hay nada que probar en un sistema en el que la verdad es inalcanzable –o es que ¿somos nosotros quiénes pretendemos ser los portadores de esa verdad?–  

Por otra parte, ese argumento notablemente moral se revierte. Si el mártir voluntario, el kamikaze, no prueba nada, entonces el mártir involuntario, la víctima del atentado, tampoco prueba nada;  y hay algo de inconveniente y obsceno en hacer de ello un argumento moral (sin prejuzgar en absoluto su sufrimiento y su muerte).  

Otro argumento de mala fe: los terroristas cambian su muerte por un lugar en el paraíso; su acto no es gratuito, por lo tanto no es auténtico. Sería gratuito sólo si ellos no creyeran en Dios, si la muerte no entrañara, como lo hace para nosotros, una esperanza (los mártires cristianos no esperaban otra cosa que esa sublime equivalencia). No pelean con las mismas armas. Mientras que ellos tienen derecho a la salvación, nosotros ni siquiera podemos albergar esa esperanza. Mientras que sólo nos queda el duelo de nuestra muerte, ellos pueden hacer con ella una apuesta ambiciosa.

En el fondo, todo esto –la causa, la prueba, la verdad, la recompensa, el fin y los medios– representa una forma de cálculo típicamente occidental.  Incluso a la muerte la evaluamos con tazas de interés, en términos de calidad/precio.  Cálculo económico de pobres, y de quienes ni siquiera tienen el valor de ponerle un precio.  

¿Qué puede pasar –salvo la guerra, que no es mas que una pantalla de protección convencional?–  

Se habla de terrorismo biológico, de guerra bacteriológica o de terrorismo nuclear. Pero todo esto no pertenece al orden del desafío simbólico, sino al del aniquilamiento sin palabra, sin gloria, sin riesgo; al orden de la solución final. Resulta un contrasentido ver en el acto terrorista una lógica puramente destructiva.  Me parece que sus actos, en los que la muerte va implícita (lo que precisamente la hace un acto simbólico), no buscan la eliminación impersonal del otro. Todo permanece en el terreno del desafío y el duelo, es decir, una relación dual, casi personal, con la potencia adversa. Es ella quien los ha humillado, y ella debe ser humillada y no simplemente exterminada. Es necesario degradarla. Esto jamás se logra con la fuerza bruta o la eliminación del otro.  

Debe apuntársele y herirla en la adversidad.  Aparte del pacto que une a los terroristas, existe algo así como un pacto en el duelo con el adversario.   Es exactamente lo contrario de la cobardía de la que se les acusa, y lo opuesto a lo que hicieron los norteamericanos en la Guerra del Golfo (y que repiten actualmente en Afganistán): objetivo invisible, liquidación operativa.

De estos sucesos quedan las imágenes por encima de todo. Debemos preservarlas, así como la fascinación que ejercen sobre nosotros, ya que ellas son, quiérase o no, la escena primigenia. Al mismo tiempo que radicalizaron la situación mundial, los acontecimientos de Nueva York han –habrán– radicalizado la relación entre la imagen y la realidad. Acostumbrados a ver una profusión continua de imágenes banales y una oleada de acontecimientos simulados, el acto terrorista de Nueva York resucita, a un mismo tiempo, la imagen y el acontecimiento.

Entre las armas que los terroristas lograron volver en contra del propio sistema, una de las que capitalizaron con mayor provecho fue el tiempo real de las imágenes, su difusión instantánea a nivel mundial;  

al igual que la especulación en la Bolsa, la información electrónica y la circulación aérea. El papel de la imagen es notablemente ambiguo. Al mismo tiempo que exalta el acontecimiento lo toma como rehén. Juega, de manera simultánea, a la multiplicación infinita, la diversión y la neutralización (así sucedió con los acontecimientos de 1968). La imagen consume al acontecimiento, en el sentido de que lo absorbe y lo ofrece al consumo.

En tanto acontecimiemto-imagen, le otorga un impacto hasta ahora inédito.

¿Qué queda del acontecimiento real si la imagen, la ficción, lo virtual se filtran por doquier en la realidad? En este caso, creímos ver (quizá con cierto alivio) un resurgimiento de lo real y de la violencia de lo real en un universo supuestamente virtual. “¡Se acabaron sus historias virtuales, esto es la realidad!”  

Asimismo, fuimos testigos de una resurrección de la historia más allá del fin que le fue anunciado.  Pero, ¿la realidad rebasa la ficción?  Si parece haberlo logrado, se debe a que absorbió su energía, y ella misma se convirtió en ficción. Casi podría decirse que la realidad siente celos de la ficción, lo real está celoso de la imagen… Se trata de una suerte de duelo entre ambos, entre quién resultará más inconcebible.  

El desmoronamiento de las torres del World Trade Center es inimaginable, pero no es suficiente para hacer de él un acontecimiento real. Un incremento de la violencia no es suficiente para acceder a la realidad.  La realidad es un principio, y ése es el principio que se ha perdido.
Realidad y ficción son inextricables;   lo fascinante del atentado reside en la imagen (las consecuencias simultáneas de jubilo y catástrofe son en sí mismas imaginarias).

Es un caso en el que lo real se suma a la imagen como un excedente de terror, como algo más estremecedor.  No sólo es aterrador sino que además es real. En lugar de que la violencia de lo real esté ahí y se sume al estremecimiento de la imagen, la imagen se halla antes que nada, y a ella se suma el estremecimiento de lo real. Algo así como una ficción que rebasa la ficción. Ballard (a partir de Borges) hablaba de reinventar lo real como una ficción más temible y más sublime.  

Esa violencia terrorista no representa un retour de flamme de la realidad, no más que el de la historia.  Esa violencia terrorista no es “real”. En cierto sentido es peor: es simbólica. La violencia en sí puede ser perfectamente banal e inofensiva. Sólo la violencia simbólica genera una singularidad.  En ese acontecimiento, en la catastrófica película de Manhattan se conjugan, en su mayor expresión, los dos elementos que fascinan a las masas del siglo xx:  la magia blanca del cine y la magia negra del terrorismo. La luz blanca de la imagen y la luz negra del terrorismo.  

Después del shock intentamos extraer algún sentido, encontrar una interpretación; pero carece de él, y ese radicalismo, esa brutalidad del espectáculo es lo original y lo irreductible. El espectáculo del terrorismo impone el terrorismo del espectáculo.  

Contra esa fascinación inmoral (incluso si desencadena una reacción moral universal) el orden político es impotente. Ése es nuestro teatro de la crueldad, el único que nos queda –extraordinario por cierto, ya que alcanza el punto más álgido de espectacularidad y desafío–. Al mismo tiempo, es el micromodelo fulgurante de un nudo de violencia real en una cámara de máxima resonancia –la forma más pura de lo espectacular–, y un modelo de sacrificio que opone al orden histórico y político la forma simbólica más pura del desafío.

Cualquier masacre les habría sido perdonada, si hubiera tenido sentido, si pudiera interpretarse como una violencia histórica –ése es el axioma moral de la buena violencia–. Cualquier forma de violencia les habría sido perdonada, si ésta no hubiera sido transmitida por los medios (“el terrorismo sin los medios no sería nada”). Pero es una ilusión. No existe el buen uso de los medios, ellos forman parte del acontecimiento, forman parte del terror y juegan en uno y otro bando.  

El acto represivo sigue la misma espiral imprevisible del acto terrorista.  

Nadie sabe dónde va a detenerse ni los virajes que van a producirse. En el plano de las imágenes y de la información, no es posible distinguir entre lo espectacular y lo simbólico: imposible distinguir entre el “crimen” y la represión. Ese desencadenamiento incontrolable de la reversibilidad es la verdadera victoria del terrorismo. Victoria visible en las ramificaciones y la infiltración subterránea del acontecimiento –no sólo en la recesión económica directa, política, bursátil y financiera del conjunto del sistema, y en la recesión moral y psicológica que resulta de ella, sino también en la del sistema de valores, de toda ideología de la libertad, de la libre circulación, etc., que eran parte del orgullo del mundo occidental, y del que se valía para ejercer su influencia sobre los demás–.

La idea de la libertad, idea nueva y reciente, está en vías de extinguirse en las conciencias y en las costumbres. La globalización liberal está a punto de consumarse bajo la forma exactamente inversa: una mundialización policíaca, el control total, el terror de la seguridad. La ausencia de reglas desemboca en una escalada de obligaciones y restricciones equivalentes a las de una sociedad fundamentalista.  

Disminución de la producción, del consumo, de la especulación, del crecimiento (  ¡pero ciertamente no de la corrupción!  ): todo sucede como si en el sistema mundial se operara un repliegue estratégico, una revisión desgarradora de sus valores –da la impresión de una reacción defensiva ante el impacto del terrorismo, pero en el fondo se trata de una respuesta a su disposiciones secretas–, regulación forzada como salida al desorden absoluto que, de alguna manera, se impone sobre sí mismo interiorizando su fracaso.  

Otro aspecto de la victoria de los terroristas es que las demás formas de violencia y desestabilización juegan a favor suyo: terrorismo informático, biológico, el ántrax y el rumor. Todos le han sido imputados a Bin Laden, quien podría incluso reivindicar a su favor las catástrofes naturales. Todas las formas de desorganización y de circulación perversa le son útiles: hasta la estructura misma del intercambio mundial generalizado a favor de un intercambio imposible. Se trata de una suerte de escritura automática del terrorismo, (re)alimentada por el terrorismo involuntario de la información, con todas las consecuencias de pánico que resultan de ella.

Si en toda esa historia del ántrax, la intoxicación ocurre por una cristalización instantánea, por el simple contacto entre una solución química y una molécula, ello significa que el sistema alcanzó un peso crítico que lo hace vulnerable a la más mínima agresión.  

No existe una solución para una situación límite.   No es de ninguna manera la guerra, que ofrece una situación conocida: la avalancha habitual de fuerzas militares, información fantasma, bombardeos inútiles, falsos y patéticos discursos, despliegue tecnológico e intoxicación.  Al igual que en la guerra del Golfo: un no-acontecimiento, un acontecimiento que en realidad no tuvo lugar.  

De hecho ahí está su razón de ser: sustituir un acontecimiento real y extraordinario, único e imprevisible, con un pseudo-acontecimiento repetitivo y ya conocido.  El atentado terrorista corresponde a una precesión del acontecimiento en todos sus modelos de interpretación, mientras que la guerra estúpidamente militar y tecnológica corresponde, por el contrario, a una precesión del modelo sobre el acontecimiento, y por lo tanto, a una apuesta ficticia y a un no-lugar. La guerra como continuación de la ausencia de política con otros medios.

Jean Baudrillard, L’ esprit du terrorisme, Éditions Galilée, Paris, 2002.
Traducción del francés: María Virginia Jaua-Alemán.




Última edición por Asmodeo el Vie 15 Jul 2016 - 16:32, editado 1 vez
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Re: Atentado terrorista en Niza

Mensaje por BlackPawn el Vie 15 Jul 2016 - 15:54

Ya que copy/pasteas, con poner un link en cez de todo el tochaco ya basta.
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Re: Atentado terrorista en Niza

Mensaje por Asmodeo el Vie 15 Jul 2016 - 16:25

BlackPawn escribió:Ya que copy/pasteas, con poner un link en cez de todo el tochaco ya basta.
no. calla un poco bitch.
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Re: Atentado terrorista en Niza

Mensaje por JoGv2.0 el Vie 15 Jul 2016 - 17:54

Metropolitano escribió:
JoGv2.0 escribió:Cerrar fronteras a mi me parece un parche. Dificultaría las cosas para los terroristas, pero no les imposibilitaría montarse en un lavado de cerebros masivo remoto, cosa que ya hacen a mucha menor escala.

Para mi la solución pasa por eliminar a los estados que promueven ese ala radical del Islam ( eliminar o como lo queráis llamar, desde luego no fomentarlos porque nos venden petrolito rico ), porque les viene muy bien para mantener controlada a una población que vive bajo las sociedades más desiguales e injustas del planeta.

Otra pata sería no continuar con las políticas que fomentan la desigualdad en Europa y que generan clientes potenciales para el lavado de cerebro. Pero claro, le vas a pedir anchura de miras al capitalismo. LoL.

 y la forma de financiarse son los paraísos fiscales.. Mientras estos existan van a poder financiarse.. Mientras existan, no podremos con ellos..

Uhhmmm, no. No son los paraísos fiscales. Aunque los paraisos fiscales deban ser erradicados por aquello de la desigualdad.
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Re: Atentado terrorista en Niza

Mensaje por Metropolitano el Vie 15 Jul 2016 - 20:09

JoGv2.0 escribió:
Metropolitano escribió:

 y la forma de financiarse son los paraísos fiscales.. Mientras estos existan van a poder financiarse.. Mientras existan, no podremos con ellos..

Uhhmmm, no. No son los paraísos fiscales. Aunque los paraisos fiscales deban ser erradicados por aquello de la desigualdad.

Todos los expertos dicen que su forma de mover capitales y financiación es a través de paraísos fiscales, al igual que su forma de invertir y ganar dinero con los atentados que preparan a lo grande (Como New York, Madrid, Londres, etc..). Hay informes de policía y de inteligencia que certifican movimientos bursátiles extraños previos a cada gran atentado, realizados a través de paraísos fiscales.. De hecho, creo que esos movimientos son lo que activan todas las alarmas en los cuerpos de seguridad..

No es una opinión mía.. Es que lo he oído varias veces, esta misma mañana a un militar experto en terrorismo..
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Re: Atentado terrorista en Niza

Mensaje por Metropolitano el Vie 15 Jul 2016 - 20:24

reals escribió:
Metropolitano escribió:

 No es comparable.. Los germanos emigraban a Roma buscando seguridad, mejor clima y más posibilidades de asentarse y trabajar la tierra.. Querían ser "romanos" y no les dejaban..

 Ellos solo quieren imponer su cultura.. Eso solo se consigue matándonos a todos.. Lo veo complicado Wink La cultura Romana no fue devastada por los germanos.. En todo caso, si quieres hablar de cultura.. Lo fue por los Católicos.. Los germanos terminaron con la organización política.. si quieres decirlo así..
No siendo cierto del todo es que dices de que los germanos lo que querían era ser romanos, no afecta a lo que yo digo. Los catolicos son un fenomeno de transformación, no tanto de cambio.
No vinieron cristianos de otros lugares a devastar nada. Fueron los propios ciudadanos los que abrazaron esa cultura y dieron la espalda a la suya propia. Pero lo que marcó el final de Roma fue la lucha constante con los pueblos germanos, cada vez más avanzados. Te concedo que fuese una mezcla de factores, porque no todo es blanco o negro. Pero cuando el Imperio desapareció, ya llevaba un tiempo siendo cristiano.

Si la fractura es política, si se somete a una población descontenta, si se elimina o no... son asuntos accesorios. Lo que yo digo es que nosotros, como los romanos, dos milenios después, seguimos en las mismas.

Por supuesto, nosotros no intentamos inculcarles a Jupiter. Pero si el propio derecho Romano. Si queremos inculcarles nuestros propios valores. Libertad. Justicia. Todo desde una perspectiva etica occidental.

Hasta hoy, cuando el problema ya es palpable, las voces más progresistas, más pacifistas, más "respetuosas" no dejan de proponer soluciones que, en cierto modo, son otra forma de invasión. Que si supervisar el proceso de paz en oriente medio, que si derrocar tal o cual dictador porque no respeta las libertades occidentales. Que si iniciar procesos de democratización... todas esas soluciones no son más que otra forma de evangelización. Y por eso digo que no tiene solución el asunto. Porque una solución es esa, que a la larga causará más problemas. Y la otra opción es guerra y subyugación, que conducirá a lo mismo.

No digo que sea un error, ni que este mal hecho. Que yo no soy nadie para decir lo que está bien o lo que está mal. Solo es como yo veo el asunto.

Todo es opinable, pero creo que estamos en la base del problema..

Realmente, en mi opinión, las civilizaciones importantes, siempre se destruyen desde dentro.. El cristianismo, creo que desmontó el imperio, luego la inmigración de Asia y el norte de Europa la remató.. Es un tema muy extenso y controvertido, pero no creo que asistamos al mismo fenómeno..

Los musulmanes que no son radicales, no tiene problema alguno en aceptar nuestras costumbres, nuestro derecho, el laicismo y la igualdad de la mujer.. Aunque os sorprenda es así.. Lo que sucede es que hay más radicales de lo que creemos y surgen también en familias musulmanas adaptadas.. Que seas radical no significa que vallas a matar al occidental.. pero si eres radical, estás desesperado, inadaptado, rechazado, discriminado, cualquiera de estas cosas te lleva a un estado de debilidad de la que otros saben aprovecharse.. Y también pasa en sentido contrario.. hay terroristas que se han hecho musulmanes ya incluso para que les dejen cometer el atentado, o les adiestren y financien.. Es gente que odia.. católica, atea, o como sea.. Que quiere mandar todo a tomar por culo y decide hacerse musulmán radical.. pero que tiene intención directa de ser terrorista antes incluso de radicalizarse religiosamente..

Por otro lado, es verdad que occidente interviene demasiado DONDE NADIE LE LLAMA.. Esas decisiones son las que nos han traído hasta aquí.. La guerra de Irak fue una decisión absurda que le ha costado a la humanidad un desequilibrio brutal en la zona.. Con exmilitares con ganas de vengarse, gente preparada y armada.. Recordáis quien dijo: "hoy el mundo es un lugar más seguro"? Por supuesto esto se dijo antes del 11M y todo el terrorismo posterior.. la ceguera política de esos 3 "lideres" ha sido catastrófica para la humanidad..

Esto no tiene solución.. Francia sigue bombardeando.. como si eso solucionase algo.. la única posibilidad es convivir con ello, evitarlo lo máximo posible y esperar a que el odio que se ha provocado, remita.. Contra el terrorismo, inteligencia, policía, y a aguantar los muertos.. no hay más..
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Re: Atentado terrorista en Niza

Mensaje por Trancos el Vie 15 Jul 2016 - 21:15

Bueno, eso de que el cristianismo desmontó el Imperio Romano me parece una simplicidad
Hubo muchas más causas, y mucho más importantes, de índole tanto interna como externa, que causaron la decadencia y caída del Imperio.
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Re: Atentado terrorista en Niza

Mensaje por Tito Mou el Vie 15 Jul 2016 - 21:24



Vaya pedazo de subnormal.
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Re: Atentado terrorista en Niza

Mensaje por Arwell el Vie 15 Jul 2016 - 22:00

84 muertos,de los cuales 10 son niños,202 heridos de los cuales 52 se devaten ahora entre la vida y la muerte...

Todavia como vosotros,como todo el mundo estoy consternado y condeno el ataque de ayer que fue algo horrible...

Ya no es que con bombas o tiros los terroristas buscan matarnos e intentan quitarnos nuestra libertad y nuestra forma de vivir con la muerte,ya hasta con un jodido camion lo hacen....sin palabras...

Desde luego se debe luchar contra el terrorismo fortaleciendo la seguridad en lugares publicos,turisticos y donde vaya a haber multitudes,eso de convivir con el terrorismo me parece demasiado supongo que los tiros de lo ha dicho Manuel Valls por ejemplo iran por lo que voy a decir,pero el terrorismo hay que erradicarlo como bien ha dicho Rajoy,algo que sin duda es intolerable y repugnante.
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Re: Atentado terrorista en Niza

Mensaje por Metropolitano el Sáb 16 Jul 2016 - 0:23

Arwell escribió:84 muertos,de los cuales 10 son niños,202 heridos de los cuales 52 se devaten ahora entre la vida y la muerte...

Todavia como vosotros,como todo el mundo estoy consternado y condeno el ataque de ayer que fue algo horrible...

Ya no es que con bombas o tiros los terroristas buscan matarnos e intentan quitarnos nuestra libertad y nuestra forma de vivir con la muerte,ya hasta con un jodido camion lo hacen....sin palabras...

Desde luego se debe luchar contra el terrorismo fortaleciendo la seguridad en lugares publicos,turisticos y donde vaya a haber multitudes,eso de convivir con el terrorismo me parece demasiado supongo que los tiros de lo ha dicho Manuel Valls por ejemplo iran por lo que voy a decir,pero el terrorismo hay que erradicarlo como bien ha dicho Rajoy,algo que sin duda es intolerable y repugnante.

Erradicarlo es, a corto plazo, imposible..

Lo que hay que tener claro es que no nos van a derrotar.. Hagan lo que hagan no podrán.. y, lo mismo que digo que a corto plazo es imposible.. A largo plazo acabaremos con él.. Eso es seguro..
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Re: Atentado terrorista en Niza

Mensaje por deyvid_atletico el Sáb 16 Jul 2016 - 11:36

BlackPawn escribió:La situacion actual es el resultado de decadas de caldo de cultivo de animadversion hacia occidente en oriente medio. Decadas de operaciones militares, guerras, perpetradas por occidente en la puerta de su casa han llevado al nacimiento de ISIS y Al-Qaeda. Ahora ya no hay solucion. Cerrar fronteras? La mayoria de los terroristas en Francia son nacidos alli. La solucion seria retirar todas las tropas y operaciones militares en la zona, cerrar las embajadas y romper toda relacion comercial, es decir, no comprarles petroleo. Aislarlos y dejarlos que se ahoguen en su mierda. Y eso no pasara hasta el dia en que haya una alternativa seria al petroleo o este se acabe, una de las dos.
De acuerdo con Black.
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Re: Atentado terrorista en Niza

Mensaje por TITO el Sáb 16 Jul 2016 - 12:20

Metropolitano escribió:
JoGv2.0 escribió:

Uhhmmm, no. No son los paraísos fiscales. Aunque los paraisos fiscales deban ser erradicados por aquello de la desigualdad.

Todos los expertos dicen que su forma de mover capitales y financiación es a través de paraísos fiscales, al igual que su forma de invertir y ganar dinero con los atentados que preparan a lo grande (Como New York, Madrid, Londres, etc..). Hay informes de policía y de inteligencia que certifican movimientos bursátiles extraños previos a cada gran atentado, realizados a través de paraísos fiscales.. De hecho, creo que esos movimientos son lo que activan todas las alarmas en los cuerpos de seguridad..

 No es una opinión mía.. Es que lo he oído varias veces, esta misma mañana a un militar experto en terrorismo..
No hacen falta paraísos fiscales para que un tipo coja un camión y se cargue a 90 personas.
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Re: Atentado terrorista en Niza

Mensaje por Metropolitano el Sáb 16 Jul 2016 - 15:00

TITO escribió:
Metropolitano escribió:

Todos los expertos dicen que su forma de mover capitales y financiación es a través de paraísos fiscales, al igual que su forma de invertir y ganar dinero con los atentados que preparan a lo grande (Como New York, Madrid, Londres, etc..). Hay informes de policía y de inteligencia que certifican movimientos bursátiles extraños previos a cada gran atentado, realizados a través de paraísos fiscales.. De hecho, creo que esos movimientos son lo que activan todas las alarmas en los cuerpos de seguridad..

 No es una opinión mía.. Es que lo he oído varias veces, esta misma mañana a un militar experto en terrorismo..
No hacen falta paraísos fiscales para que un tipo coja un camión y se cargue a 90 personas.

 Los terroristas no son el objetivo.. Es como acabar con la droga encarcelando drogadictos..

 El objetivo son los reclutadores, los que fomentan el odio y están en Europa, los que adiestran, los que pagan viajes de ida a hacer la guerra santa y vuelta a convertirte en mártir..

 El atentado de Niza es difícilmente evitable, como se ha dicho.. Además el tipo se ha radicalizado en poco tiempo... pero aún así, en su casa, se ha encontrado el tlfno de un sospechoso de reclutar yihadistas.. ESE ES EL PELIGROSO!!!

Los paraísos fiscales son su principal y único método de financiación, porque las mulas (gente que trasporta dinero en efectivo) están ya muy controladas..

Eso si.. Antes matan a media humanidad, que se decida a hacer algo serio con los paraísos fiscales..

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Re: Atentado terrorista en Niza

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