La decisión

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Blanco Nuclear
Su Campechana Majestad

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La decisión

Mensaje por Blanco Nuclear el Sáb 12 Mar 2016 - 11:39

Ellos vivían en sus guerras tan tranquilamente. En el pueblo ya nadie recordaba como era cuando se vivía en paz. El abuelo había participado en la guerra contra Israel que se inició en Egipto y que acabó con el Líbano. El padre había sido soldado cuando Irán e Iraq casi se matan mutuamente a tiro limpio. El hijo dudó entre alistarse con Sadam o con Kuwait cuando Bush atacó con sus Tomahawks. El nieto se alzó contra El Assad, pero luego se pasó al Daesh porque no lo aceptaron en los Hermanos Musulmanes.

Todos vivían en paz en medio de tanta guerra. Nadie se movía de su casa o abandonaba su negocio o sus estudios, a pesar de las bombas y la destrucción que caía constantemente a su alrededor. La gente moría y nacía con absoluta normalidad en sus pueblos y en sus ciudades. Unos aquí y otros allá. Pero todos se mantenían dentro de los límites geográficos de la catástrofe que habían aceptado como "modus vivendi". Como si, de intifada en intifada, y atento porque me toca, fueran comprendiendo que la vida no vale nada. Eran millones y millones, pero parecía que ellos no existieran para el mundo, así como el mundo no existía para ellos.

Mientras tanto, por la televisión, les llegaban imágenes de un mundo mejor. Más seguro, más próspero, más técnológico. Al principio, no lo tomaron en cuenta. Era un mundo tan distinto al suyo que parecía inalcanzable. Tan lejano a sus vidas como la Luna de la Tierra. Y además, en ese mundo -todos lo sabían porque se lo contaban sus imanes desde sus almuecines- no había ni fé, ni profetas, ni tan siquiera oxígeno para respirar. Era un mundo a punto de expirar. Así estaba decidido según el Corán bajo el que vivían desde que se detuvo el tiempo.

Un día, se levantaron el abuelo, el padre, el hijo y el nieto y abrieron la tienda, como hacían cada mañana bombardeada desde siempre. Pero ya no habían clientes a los que vender, ni universidades en las que aprender, ni tan siquiera vecinos con los que mantener una conversación sobre las cosas familiares saboreando un té a la menta.

Y entonces tomaron la Decisión: se pusieron todos en marcha hacia la Luna que habían visto tanta veces por la televisión, como hijos del Éxodo que eran...y se subieron a la barca.

En la Luna, de momento, los selenitas siguen sin comprender lo que está sucediendo.

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