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Jules Winnfield
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Mensaje por Jules Winnfield el Miér 25 Abr 2012 - 11:25

IGUALDAD HUMANA Y MODELOS DE SOCIEDAD

Mariano Rajoy Brey (*)

(Diputado de AP. en el Parlamento gallego)

Uno de los tópicos más en boga en el momento actual en que el modelo socialista ha sido votado mayoritariamente en nuestra patria es el que predica la igualdad humana. En nombre de la igualdad humana se aprueban cualesquiera normas y sobre las más diversas materias: incompatibilidades, fijación de horarios rígidos, impuestos –cada vez mayores y más progresivos- igualdad de retribuciones…En ellas no se atiende a criterios de eficacia, responsabilidad, capacidad, conocimientos, méritos, iniciativa o habilidad: sólo importa la igualdad. La igualdad humana es el salvoconducto que todo lo permite hacer; es el fin al que se subordinan todos los medios.

Recientemente, Luis Moure Mariño ha publicado un excelente libro sobre la igualdad humana que paradójicamente lleva por título “La desigualdad humana”. Y tal vez por ser un libro “desigual” y no sumarse al coro general, no ha tenido en lo que ahora llaman “medios intelectuales” el eco que merece. Creo que estamos ante uno de los libros más importantes que se han escrito en España en los últimos años. Constituye una prueba irrefutable de la falsedad de la afirmación de que todos los hombres son iguales, de las doctrinas basadas en la misma y por ende de las normas que son consecuencia de ellas.

Ya en épocas remotas –existen en este sentido textos del siglo VI antes de Jesucristo- se afirmaba como verdad indiscutible, que la estirpe determina al hombre, tanto en lo físico como en lo psíquico. Y estos conocimientos que el hombre tenía intuitivamente –era un hecho objetivo que los hijos de “buena estirpe”, superaban a los demás- han sido confirmados más adelante por la ciencia: desde que Mendel formulara sus famosas “Leyes” nadie pone ya en tela de juicio que el hombre es esencialmente desigual, no sólo desde el momento del nacimiento sino desde el propio de la fecundación. Cuando en la fecundación se funde el espermatozoide masculino y el óvulo femenino, cada uno de ellos aporta al huevo fecundado –punto de arranque de un nuevo ser humano- sus veinticuatro cromosomas que posteriormente, cuando se producen las biparticiones celulares, se dividen en forma matemática de suerte que las células hijas reciben exactamente los mismos cromosomas que tenía la madre: por cada par de cromosomas contenido en las células del cuerpo, uno solo pasará a la célula generatriz, el paterno o el materno, de ahí el mayor o menor parecido del hijo al padre o a la madre. El hombre, después, en cierta manera nace predestinado para lo que habrá de ser. La desigualdad natural del hombre viene escrita en el código genético, en donde se halla la raíz de todas las desigualdades humanas: en él se nos han transmitido todas nuestras condiciones, desde las físicas: salud, color de los ojos, pelo, corpulencia…hasta las llamadas psíquicas, como la inteligencia, predisposición para el arte, el estudio o los negocios. Y buena prueba de esa desigualdad originaria es que salvo el supuesto excepcional de los gemelos univitelinos, nunca ha habido dos personas iguales, ni siquiera dos seres que tuviesen la misma figura o la misma voz.

Esta búsqueda de la desigualdad, tiene múltiples manifestaciones: en la afirmación de la propia personalidad, en la forma de vestir, en el ansia de ganar –es ciertamente revelador en este sentido la referencia que Moure Mariño al afán del hombre por vencer en una Olimpiada, por batir marcas, récords…-, en la lucha por el poder, en la disputa por la obtención de premios, honores, condecoraciones, títulos nobiliarios desprovistos de cualquier contrapartida económica…Todo ello constituye demostración matemática de que el hombre no se conforma con su realidad, de que aspira a más, de que busca un mayor bienestar y además un mejor bien ser, de que, en definitiva, lucha por desigualarse.

Por eso, todos los modelos, desde el comunismo radical hasta el socialismo atenuado, que predican la igualdad de riquezas –porque como con tanta razón apunta Moure Mariño, la de inteligencia, carácter o la física no se pueden “Decretar” y establecen para ello normas como las más arriba citadas, cuya filosofía última, aunque se les quiera dar otro revestimento, es la de la imposición de la igualdad, son radicalmente contrarios a la esencia misma del hombre, a su ser peculiar, a su afán de superación y progreso y por ello, aunque se llamen asimismos “modelos progresistas” constituyen un claro atentado al progreso, porque contrarían y suprimen el natural instinto del hombre a desigualarse, que es el que ha enriquecido al mundo y elevado el nivel de vida de los pueblos, que la imposición de esa igualdad relajaría a cotas mínimas al privar a los más hábiles, a los más capaces, a los más emprendedores…de esa iniciativa más provechosa para todos que la igualdad en la miseria, que es la única que hasta la fecha de hoy han logrado imponer.

FARO DE VIGO, 4 de marzo de 1983

LA ENVIDIA IGUALITARIA

Mariano Rajoy Brey

Presidente de la Diputación de Pontevedra



Hace algunos meses “FARO DE VIGO” tuvo la gentiliza de acceder a la publicación de un artículo en el que comentábamos un libro a nuestro juicio apasionante. “”La desigualdad humana” de Luís Moure-Mariño. Hoy pretendemos descubrir otro libro no menos magistral que analiza con profusión de detalles y argumentos aquella afirmación y el consiguiente problema de la igualdad-desigualdad humana, pero que añade a este estudio el de otro tema no menos importante e íntimamente unido al primero, cual es el de la envidia, uno de los más graves y perniciosos de los pecados capitales. El libro lleva por título “La envidia igualitaria”. Su autor Gonzalo Fernández de la Mora. De entre sus pocas más de doscientas páginas, cuya lectura recomendamos a todos aquellos que quieran ampliar sus conocimientos sobre el hombre, destacaremos tres aspectos concretos y por encima de todo un mensaje general.

La primera parte de “La envidia igualitaria” tiene como objetivo básico, ampliamente logrado por cierto, el recopilar los escritos históricos sobre la envida. En ella se sintetizan los diversos estudios y opiniones que a lo largo de los tiempos ha provocado el pecado de la envidia. Desde los griegos hasta los contemporáneos pasando por los latinos, Sagrada Escritura, la patriótica, los medievales, los renacentistas, barrocos y modernos, todos los grandes pensadores han denunciado la malignidad de ese sentimiento.

En el segundo apartado del libro, Gonzalo Fernández de la Mora analiza de manera exhaustiva y profunda el problema de la envida –a la que define como “malestar que se siente ante una felicidad ajena, deseada, inalcanzable e inasimilable”-, de su utilización política (vaguedades como “la eliminación de las desigualdades excesivas”, “supresión de privilegios”, “redistribución”, “que paguen los que tienen más…” son utilizadas frecuentemente por los demagogos para así conseguir sus objetivos políticos), las defensas ante la misma (la huida, la simulación y la cortesía son medios de que tiene que valerse el “envidiado” para evitar el provocar el sentimiento), y la manera de superarla que es la autoperfección y la emulación.

Por último, el autor dedica unas brillantes páginas a demostrar el error en que incurren quienes a veces conscientemente y utilizando el sentimiento de la envida y otras sin valorar el alcance de sus aseveraciones, sostienen la opinión de que todos los hombres son iguales y en consecuencia tratan de suprimir las desigualdades: El hombre es desigual biológicamente, nadie duda hoy que se heredan los caracteres físicos como la estatura, color de la piel… y también el cociente intelectual. La igualdad biológica no es pues posible. Pero tampoco lo es la igualdad social: no es posible la igualdad del poder político (“no hay sociedad sin jerarquía”), tampoco la de la autoridad (¿sería posible equiparar la autoridad de todos los miembros de un mismo gremio, por ejemplo, de todos los pintores o los cirujanos?), o la de la actividad (es difícil imaginar un ejército en el que todos fueran generales; o una universidad en la que todos fueran rectores), o la del premio, o la de oportunidades (las circunstancias, temporales, geográficas y familiares colocan inevitablemente a los individuos en situaciones más o menos favorables, nadie tiene la misma oportunidad mental, ni histórica, ni nacional: no es igual nacer en EE.UU. que en U.R.S.); ni siquiera la económica: “allí donde se ha implantado una cierta igualdad pecuniaria –mediante la nacionalización de los medios de producción, la abolición de la herencia, la supresión de las rentas del capital y la equiparación de casi todos los salarios- se han radicalizado las inevitables desigualdades de poder, creadores de desigualdades económicas quizá no monetarias, pero espectaculares. Aunque la cuenta corriente de Stalin no fuera superior a la del más mísero music, nadie podría afirmar la igualdad económica de ambos. Para imponer tal igualdad habría que eliminar el poder político, lo que es imposible”.

Pero si importantes son todas y cada una de estas ideas, individualmente consideradas, a todas ellas trasciende el mensaje, o la pretensión final del autor sobre la que entiendo todos los ciudadanos y particularmente los que asumen mayores responsabilidades en la sociedad, debemos reflexionar. Demostrada de forma indiscutible que la naturaleza, que es jerárquica, engendra a todos los hombres desiguales, no tratemos de explotar la envidia y el resentimiento para asentar sobre tan negativas pulsiones la dictadura igualitaria. La experiencia ha demostrado d de modo irrefragable que la gestión estatal es menos eficaz que la privada. ¿Qué sentido tienen pues las nacionalizaciones? Principalmente el de desposeer –vid. RUMASA-, o sea, el de satisfacer la envidia igualitaria. También es un hecho que la inversión particular es mucho más rentable no subsidiaria. Entonces ¿Por qué se insiste en incrementar la participación estatal en la economía? En gran medida, para despersonalizar la propiedad, o sea, para satisfacer la envidia igualitaria. Es evidente que la mayor parte del gasto público no crea capital social, sino que se destina al consumo. ¿Por qué, entonces, arrebatar con una fiscalidad creciente a la inversión privada fracciones cada vez mayores de sus ahorros? También para que no haya ricos para satisfacer la envidia igualitaria. Lo justo es cada ciudadano tribute en proporción a sus rentas. Esto supuesto, ¿por qué, mediante la imposición progresiva, se hace pagar a unos hasta un porcentaje diez veces superior al de otros por la misma cantidad de ingresos? Para penalizar la superior capacidad, o sea, para satisfacer la envidia igualitaria. Lo equitativo es que las remuneraciones sean proporcionales a los rendimientos. En tal caso ¿por qué se insiste en aproximar los salarios? Para que nadie gane más que otro y, de este modo, satisfacer la envidia igualitaria. El supremo incentivo para estimular la productividad son las primas de producción. ¿Por qué, entonces, se exige que los incrementos salariales sean lineales? Para castigar al más laborioso y preparado, con lo que se satisface la envidia igualitaria. Y así sucesivamente. Juan Ramón Jiménez lo denunció en su verso famoso “Lo quería matar porque era distinto”; y el poeta romántico Young dio en la diana cuando afirmó “todos nacemos originales y casi todos morimos copias”. Al revés de lo que propugnaban Rousseau y Marx la gran tarea del humanismo moderno es lograr que la persona sea libre por ella misma y que el Estado no la obligue a ser un plagio. Y no es bueno cultivar el odio sino el respeto al mejor, no el rebajamiento de los superiores, sino la autorrealización propia. La igualdad implica siempre despotismo y la desigualdad es el fruto de la libertad. La aprobación por nuestras Cortes Generales de algunas leyes como la última de la Función Pública constituye un claro ejemplo de igualdad impuesta pues pretende equiparar a quien por capacidad, trabajo y méritos son claramente desiguales y sólo va a servir para satisfacer ese gran mal que constituye la envidia igualitaria. Frente a ella sólo es posible la emulación jerárquica: hagamos caso de la sentencia de Saint-Exupery “Si difiero de ti, en lugar de lesionarte te aumento”.

FARO DE VIGO, 24 de julio de 1984

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JoGv2.0
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Re: 1984

Mensaje por JoGv2.0 el Miér 25 Abr 2012 - 11:48

Así que la imposibilidad de pronunciar la "ese" en condicionesh, o la incapacidad para hablar en ingles sin hacer el ridículo le vienen dadas a Rajoy por sus padres.

Pues no es mala excusa.
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Re: 1984

Mensaje por Hleb21 el Miér 25 Abr 2012 - 12:41

"Envidia igualitaria", para cagarse en todos sus putos muertos, algunos merecerían pasar hambre durante unos años y luego que vengan con la misma cantinela.

Cornecho
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Re: 1984

Mensaje por Cornecho el Miér 25 Abr 2012 - 13:02

Que no todos somos iguales salta a la vista. De acuerdo que la desigualdad es inicialmente biológica, aunque no vinculada a estirpes o castas, después está determinada por experiencias, hábitos, etc (esfuerzo, trabajo, estudio, etc).

De acuerdo también en que la de la imposición de la igualdad es contraria a la esencia misma del hombre, a su ser peculiar, a su afán de superación y progreso.

Premisas que no pueden dificultar o evitar que las sociedades tiendan a reducir la desigualdad. Todo tiene un término medio. En la mayoría de los pactos sociales se tiene que imponer la igualdad, básica podríamos decir, en la aplicación de las leyes, trato, respeto, educación, sanidad, por poner algunos ejemplos. La cuestión está en la igualdad de oportunidades, después como se dice habitualmente la vida pone a cada uno en su sitio, una desigualdad justa.

Existe la envidia igualitaria, salta a la vista. Que no puede llevar a que no se eliminen los privilegios, redistribuir la riqueza y eliminar las desigualdades básicas. Se envidia al Notario, bien, que gana un dineral acorde con sus aptitudes, formación y resposabilidad; es normal que lleve un ritmo de vida alto; sin embargo hay que tratar que los menos favorecidos tengan cubiertas sus necesidades básicas de forma solvente.

Hilar lo anterior con el rollo de las nacionalizaciones, la progresividad fiscal y otras lindezas de su último párrafo son un desatino de difícil comprensión. No tiene nada que ver con la igualdad o la desigualdad.

El ejemplo más claro de la envidia igualitaria es la percepción de la sociedad sobre la bajada de sueldos de los funcionarios, proporcional a sus ingresos. Los que más cobran perdieron el 15%, los que menos el 3% (creo recordar). Los salarios guardan proporción a lo antes dicho, grado de formación, capacidad y responsabilidad. Criterios que hacen que un cirujano gane 3.000 cucas y un auxiliar 1.000. La igualdad implica que todos los sueldos se reduzcan en el mismo porcentaje, sin embargo no se hizo así, para complacencia de los que menos ganaban.
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Metropolitano
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Re: 1984

Mensaje por Metropolitano el Miér 25 Abr 2012 - 14:11


Creo que no existe ninguna tendencia política que se ponga por bandera que todos los hombres son iguales.. Creo que las más radicales de izquierdas, lo que pretenden es que todos los hombres TENGAN LAS MISMAS OPORTUNIDADES, no considerarlos iguales...

El artículo es abominable. En su ultimo párrafo dice que está demostrado que la gestión pública es menos eficiente que la privada.. Estará demostrado en su cabeza, pero demostrar algo científicamente está mucho más allá de lo que existe en realidad, que es una constante, impertinente, insoportable e intolerable manipulación para hacer que la gente piense que esto es una verdád incuestionable.. Pero me desvío del tema.. Volvamos a lo de las "envidia igualitaria"..

Quizás una sociedad donde DE VERDAD se premiase al más capacitado por encima del menos capacitado, sería muy justa y yo sería el primero en defenderla.. Pero no vivimos en una sociedad así, estamos LEJISIMOS de una sociedad así (por cierto, muy bien descrita por Asimov, recomiendo su lectura). No está más capacitado un enchufado, que un trabajador modelo pero que no cae bien al Jefe. No está más capacitado este mismo Jefe, que otro que le desecharon porque no fué a tal o cual colegio. No está más capacitado un tipo que ha heredado millones de euros en acciones de su papa que un doctor en física que investiga en un lavoratorio de una universidad. Y quien gana más? En una sociedad justa, el hijo de papi, no habría heredado NADA de papi, y sería un doctor de lo que sea, o un reponedor de carrefour, según mereciese por su actitud, y aptitud..

Y yo, que soy partidarío de repartir, de equilibrar la desigualdad, no tendría envidia ninguna del hijo de papi, si no viese a hijos de otros buscando comida en contenedores.. Yo estoy bien como estoy, para mi no quiero nada más de lo que tengo y si quiero más (mi propia casa, por ejemplo) me la tendré que ganar, pero no pienso ver a infelices (que lo són y mucho) tirando dinero a manos llenas, mientras otros, también infelices, no pueden ni conseguir un trabajo de friega platos... Me vás a permitir, que por ahí no pase...
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Re: 1984

Mensaje por PainInside el Miér 25 Abr 2012 - 15:26

Podría hacer un análisis pormenorizado de esta bazofia clasista, pero no tengo ganas.

Lo que si me apetece decir es que en el planeta hay una serie de recursos materiales y una cierta cantidad de seres humanos, animales y plantas.

Suficiente para todos, al menos por ahora.

Y que no hay retórica suficiente, ni ahora ni en "los tiempos de Jesús", que sea válida para argumentar en contra de que todos merecen un mínimo para alcanzar una vida digna.

Uno no cae en la miseria por vagueza, quizás por falta de rendimiento.

Cada vez tenemos más, cada vez se levantan con mayor facilidad los rascacielos, los huertos cada vez dan más frutos, las vacas cada vez dan más leche y el hombre cada vez tiene menos trabajo.

Ya comienza a ser imperativo un cambio en la moral y ética universal en lo que respecta a compartir los dulces de la piñata, no por que haya clases de opresores maleantes y de trabajadores aburridos. Sino por que dentro de pocos años sólo habrá gente que es dueña y gente sufre, amos y esclavos.

Lo único que nos separa de esta situación por ahora es el trabajo y cada vez hay menos.
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Charrúa
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Re: 1984

Mensaje por Charrúa el Miér 25 Abr 2012 - 18:27

Este tipo es arcaico.
Parece un análisis de nivel primaria.
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RABACO
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Re: 1984

Mensaje por RABACO el Miér 25 Abr 2012 - 18:38

¿No oleis a ario, muchachos?
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TITO
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Re: 1984

Mensaje por TITO el Miér 25 Abr 2012 - 18:49

RABACO escribió:¿No oleis a ario, muchachos?
Hace rato. De hecho Europa huele a ario hace años.

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Re: 1984

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